La tensión entre Estados Unidos e Irán vuelve a subir peligrosamente y esta vez ya no se trata solo de amenazas o ultimátums diplomáticos. No parece llegar nunca la paz definitiva.
Las fuerzas armadas estadounidenses atacaron este miércoles instalaciones militares en el sur de Irán y derribaron cuatro drones iraníes sobre el estrecho de Ormuz en una operación que Washington justificó como "defensa propia".
El episodio supone una nueva acción militar en una de las zonas más sensibles del planeta y llega justo cuando las negociaciones para cerrar un acuerdo entre ambos países empiezan a deteriorarse otra vez. Es un constante 'deja vu'.
Explosiones en Bandar Abbas
Los primeros en alertar de lo ocurrido fueron los propios medios estatales iraníes. De madrugada comenzaron a informar de varias explosiones cerca de Bandar Abbas, la gran ciudad portuaria iraní situada junto al estrecho de Ormuz, el punto estratégico por el que pasa buena parte del petróleo mundial.
Poco después empezaron a aparecer filtraciones desde fuentes militares estadounidenses.
Según funcionarios citados por medios como The New York Times, EE.UU había lanzado ataques contra instalaciones militares iraníes tras detectar amenazas directas sobre barcos estadounidenses y sobre el tráfico marítimo comercial que todavía sigue cruzando el estrecho.
Los drones que dispararon todas las alarmas
El detonante inmediato fueron cuatro drones de ataque lanzados por Irán, pero Washington asegura que las aeronaves representaban una amenaza directa para buques militares estadounidenses y para los pocos barcos comerciales que siguen transitando por Ormuz en medio del bloqueo parcial iraní.
Las fuerzas estadounidenses terminaron derribándolos. Y eso abrió la puerta a una nueva cadena de bombardeos y represalias que lleva ya varios días extendiéndose en la región.
Trump endurece completamente el discurso
La ofensiva coincide además con un endurecimiento clarísimo del discurso de Donald Trump, que descartó públicamente este miércoles cualquier posibilidad de permitir a Irán algún tipo de control sobre el estrecho de Ormuz. "Son aguas internacionales, nadie las va a controlar", afirmó durante una reunión de gabinete en la Casa Blanca. "Vamos a vigilarlas. Las vigilaremos, pero nadie las va a controlar", añadió.
La frase tiene enorme carga política porque llega después de que medios iraníes difundieran un supuesto preacuerdo según el cual Teherán aceptaría reabrir el tráfico marítimo.
La Casa Blanca negó rápidamente esa versión.
El estrecho que puede cambiar la economía mundial
Todo gira alrededor de un lugar minúsculo en el mapa… pero gigantesco para la economía global. Por el estrecho de Ormuz pasa aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercia en el mundo. Y cualquier tensión allí dispara inmediatamente el miedo a: problemas de suministro, subida brutal del crudo, inflación global y riesgo de conflicto regional.
Por eso cada incidente militar en la zona genera nerviosismo inmediato en mercados y gobiernos.
Las negociaciones parecen cada vez más frágiles
Lo más llamativo es que esta escalada se produce mientras EE.UU e Irán seguían oficialmente negociando.
En los últimos días ambas partes habían intensificado contactos para intentar cerrar un acuerdo que rebajara la tensión y pusiera fin a meses de enfrentamientos indirectos. Pero la situación parece deteriorarse rápidamente.
Trump ya había endurecido el tono exigiendo que Irán entregue su uranio enriquecido, rechazando concesiones sobre Ormuz y autorizando respuestas militares inmediatas ante cualquier amenaza iraní.
Mientras tanto, Teherán insiste en que no aceptará condiciones humillantes.
El mundo vuelve a mirar al Golfo
La sensación en Washington y Oriente Medio empieza a ser inquietante porque, aunque oficialmente ambas partes siguen hablando de negociación, sobre el terreno la dinámica se parece cada vez más a una escalada militar progresiva: drones, ataques selectivos, bombardeos, amenazas nucleares y tensión permanente alrededor del petróleo.
Y en medio de todo eso vuelve a aparecer el gran miedo global: que cualquier error de cálculo en Ormuz termine desencadenando una crisis muchísimo mayor.