Pocas cosas unen tanto como la música y, sentados al sol primaveral de mayo, los lazos parecen estrecharse. Con las agujas del reloj acercándose a las 20:00 horas, una excitada aglomeración de personas ya se prepara para vivir la mejor noche de sus vidas... de la mano de Bad Bunny. Donde antes había silencio, ahora se alza una comunidad que salta al unísono bajo los himnos del puertorriqueño. Debí tirar más fotos de cuando te tuve/ Debí darte más besos y abrazos las veces que pude, suena desde los altavoces particulares de los que ya hacen la fila.
Todos bailan, cantan y ríen en una atmósfera festiva que se contagia entre los asistentes. Es el primer concierto del Conejo malo en Madrid, y las miles de personas que ya esperan a que se abran las puertas del Riyadh Air Metropolitano lo saben. Con las manos en lo alto y entre abrazos sentidos, las manecillas van girando y los que antes eran desconocidos, ahora ya no lo son tanto. Quizá su relación dure las casi tres horas del concierto, o quizá perviva en el tiempo de forma indefinida. Esta última opción es la que parece convencer a Eva, Michelle y Manuel. Ellos se conocieron esta mañana, cuando casi no había ni amanecido y la explanada del Metropolitano aún estaba despejada.
Eva es de Murcia, mientras que Michelle ha viajado desde Alicante para ver a su cantante favorito. El tercero en aparecer es Manuel, aunque si le preguntan dirá que su nombre es Benito Antonio. Las españolas no le conocen de nada, pero su carisma ya ha convertido a este italiano afincado en Madrid en el claro favorito de la fila del Pit. "Voy vestido para hacer un homenaje a Benito. Los pantalones me los regaló su estilista, los zapatos son los que suele ponerse en La Casita y la gorra es la que suele llevar él", explica. No lo dice en broma. Su físico y vestimenta se asemejan demasiado a los del artista: "Él me inspira mucho, no te puedo contar lo increíble que es mi amor por él". Sus nuevas amigas le apoyan y muestran su aprobación mientras, uno a uno, enseña todos los complementos que completan su outfit. ¿Su objetivo? Entrar en la famosa Casita de Bad Bunny.
"Entrar en La Casita ya no es solo mi sueño, es el de todo el mundo en la fila. Ya durante la prueba de sonido me puse a temblar y a llorar. Es que llevo esperando esto meses", dice Manuel, al borde de las lágrimas. Y no es el único. Al otro lado del estadio, a solo por unas puertas de distancia, Aitana tiene la misma sensación. De hecho, ella misma confiesa haber estado llorando durante todo el día anterior. Sus amigas -las que la acompañan y las que ha formado durante las horas de espera- la apoyan. Todas a una aplauden y animan a los que tienen detrás con sus risas y bromas. Por la mañana café/ Por la tarde ron/ Ya estamos en la calle/ Sal de tu balcón, entonan, divertidas, desde la fila.
¿Amigos para siempre? No lo saben, aunque lo que sí está claro es que las memorias de este día serán inigualables. Y en el DeBí TiRAR Más FOToS world tour, lo que no falta, precisamente, son experiencias. Móviles en lo alto y cámaras de todos los modelos - hasta alguna de las del merchandising- decoran los cuellos de los que ya pasean por el estadio atlético. Porque las anécdotas se olvidan, pero los carretes permanecen intactos. "A veces se nos olvida tirar fotos de los recuerdos. Ahora lo vamos a grabar todo", auspicia Enzo, otro de los jóvenes que llenan los espacios asignados en el recinto. Él llega junto a su prima Verónica y su marido Johan para vivir este Baile Inolvidable.
"Su último álbum significa mucho para los inmigrantes que estamos fuera del país, porque habla de ese anhelo por el hogar. Representa nuestra cultura latina", deja claro Verónica. Lo mismo piensan Mauri y Lucas, dos latinos de Vitoria que se aguantan las lágrimas mientras explican lo que significa para ellos esta gira por el mundo. "Nos afecta mucho. Nuestros padres hicieron un esfuerzo enorme al venir aquí, pero no hemos podido crecer con nuestras familias y nuestros mayores ya se están yendo de este mundo", expresa, emocionado, este último.
Todos ellos lo tienen claro: Bad Bunny ha hecho un homenaje a la familia, y a ese sentimiento universal del amor fraternal. Quizá por eso son muchos los padres que acompañan hoy a sus hijos para saltar, reír y llorar a su lado. "Yo lo escucho desde hace nueve años. Yo inicié el movimiento en casa y ahora todos lo escuchamos juntos", ríe Pablo al unísono con su madre. No son los únicos. Hermanos, tíos y hasta abuelos se unen a los más jóvenes del hogar en un concierto que no tiene ni edad ni nacionalidad. Europa y América se unen en Madrid para ver brillar al que ya se le conoce como el rey del pop.
El reloj acelera hacia la hora de entrada. La prueba de sonido ya ha terminado y los nervios están a flor de piel. "No puedo expresar con palabras lo emocionado que estoy. Es el único artista por el que de verdad siento admiración", explica Carlos desde la primera fila. Se muestra vergonzoso, como todos. Pero cuando la cámara se apaga y la grabadora deja de registrar sonido, siempre entonan las mismas palabras: sueño cumplido. Porque detrás de las risas y la fiesta boricua, Bad Bunny ha conectado a los cinco continentes con su arte y sus melodías. Y lo que une la música ya es imposible separarlo.