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Bad Bunny, el conejo más famoso del mundo

Bad Bunny, el conejo más famoso del mundo

Desde el principio de los tiempos, el mundo ha estado maravillado por el universo del conejo. Nadie ha podido escapar del influjo que ejerce sobre el ser humano el conejo. Existen múltiples y variados tipos, todos ellos con personalidad y estilo propio. Servidor creció viendo a Bugs Bunny y repitiendo como un loro su frase, «¿qué hay de nuevo, viejo?». También me enamoré del tierno Tambor, amigo de la sufridora Bambi, a la que siempre mostraba su fidelidad golpeando el suelo con su patita. Años más tarde, ya de adolescente, al leer Alicia en el país de las maravillas, me cautivó el Conejo Blanco, con su reloj invertido y su obsesión por llegar tarde. En nuestro país también hemos tenido conejos ilustres como el de la Loles que popularizó el gran actor Andrés Pajares. Por no hablar del Conejito Duracel «que dura, dura y dura...».

Hasta que llegó él. Arramplando con todo y condenando al ostracismo a sus iguales. Señoras y señores, me estoy refiriendo al gran, único e irreptible Bad Bunny. El conejo malo que ha conquistado a todo el mundo por ser él mismo y ser fiel a sí mismo y que en estos días se empadrona en Madrid para ofrecer 10 conciertos en el Metropolitano. Olé sus huevos. No voy a mentir diciendo que me sé de pe a pa toda su discografía. Es más, no me he comprado sus discos. Pero lo respeto y admiro porque reconozco en él lo que para mí es un auténtico artista, una estrella.

Soy partidario de lo multitudinario. Soy partidario de aquellos que consiguen convertir en mainstream aquello que antes estaba mal visto. Soy partidario de aquellos que se siguen comportando y mostrando al mundo de la misma manera, estén en el fango o sean multimillonarios. Por tanto, soy partidario de Bad Bunny y su espectáculo en la Superbowl (vestido de otra marca impecable, Zara), donde sus raíces puertorriqueñas y modus operandi fueron más universales que nunca. Sin complejos. Autorreafirmación.

Además, es estiloso. Y tiene carácter como cuando le arrebató un móvil a una fan pesada que no paraba de hacerle fotos. ¿No es maravilloso? Al concierto se va a ver al artista y disfrutar, no a molestar. ¿Y qué me dicen de esa casita, el segundo escenario vip para los que más pagan? Lo más de lo más. Intuyo que tenemos una misma forma de entender y trabajar en el show bussiness. Salvando las distancias, claro. Son muchas las cosas que me llevan a declararme fan aunque solo sepa canturrear un par de canciones suyas. Además me confirman desde el sector que con estos conciertos generará mucho dinero en mi ciudad. Bravo. Agradecida y emocionada, gracias por venir.

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