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El interminable lío entre el Sevilla y Sergio Ramos: ''Queremos seguir negociando''

El interminable lío entre el Sevilla y Sergio Ramos: ''Queremos seguir negociando''

Escribió el filósofo Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel que «la crisis consiste precisamente en que lo viejo está muriendo y lo nuevo no acaba de nacer; y en este interregno surgen los síntomas mórbidos». Aplicado al fútbol y al Sevilla, cuando los propietarios que se tienen que ir no acaban de irse y los inversores que quieren llegar no acaban de invertir, en ese claroscuro, los clubes se quedan sin rumbo, a merced de los caprichos y de la pillería. Sin líderes fuertes, sólo reinan los villanos.

La venta del Sevilla ha pasado en apenas tres semanas de la notaría a la pira. Sergio Ramos compareció este lunes en Sevilla para ofrecer su versión sobre la ruptura de una operación que parecía cerrada y que debía convertirlo en el rostro visible de una nueva etapa en el club de su vida.

Con gafas, pañuelo en el bolsillo, con una intervención leída, apoyo de un powerpoint, puntero y una posterior ronda de preguntas, el nacido en Camas explicó el intento de compra que había protagonizado. «Nosotros seguimos aquí, yo sigo en Sevilla y queremos seguir negociando».

Antes de esa rueda de prensa, como tirita antes de la herida, los principales accionistas de la entidad habían decidido tomar la iniciativa. El famoso relato. Publicaron un comunicado durísimo, dividido en 14 puntos, en el que acusan al ex futbolista de haber cambiado las condiciones pactadas, de haber sustituido sobre la marcha a sus financiadores y de haber mantenido durante meses una negociación que, según ellos, acabó estallando de forma premeditada.

Según Ramos, en ese comunicado «hay palabras fuera de tono, pero nosotros tenemos la conciencia muy tranquila. Yo le pido personalmente a los accionistas que hagan un esfuerzo, como nosotros, ampliando el capital».

No se trataba de un comunicado oficial del Sevilla como institución ni tiene nada que ver con el consejo de administración. El texto lo suscribían las familias Guijarro, Castro, Carrión, Alés y Del Nido Benavente, es decir, el bloque accionarial que concentra la mayoría del capital social y que estaba llamado a vender sus acciones. El mundo viejo que no acaba de marcharse. Y lo firman ellos porque la operación es, en esencia, una compraventa entre propietarios y comprador. El club abrió la puerta a la auditoría y facilitó información, pero los vendedores eran quienes eran. Los que, cargados de legitimidad, anteponen su interés a los intereses de un club en los huesos.

El punto 14 es una bomba, con sus cables y todo. Los accionistas aseguran que han remitido una comunicación directa a Sergio Ramos y a Five Eleven Capital para denunciar el incumplimiento del acuerdo, reclamar el pago de la cláusula penal, advertir de posibles reclamaciones por daños y perjuicios y exigir el cese de cualquier vulneración de los pactos de confidencialidad suscritos durante la due diligence. Es decir, la guerra ya no es sólo mediática, sentimental o accionarial; la venta del Sevilla entraba en el terreno de los juzgados. Otra vez.

Críticas de accionistas

«Me veo en la obligación de presentar al sevillismo la oferta que traemos, que es muy importante. Y si no se da, es porque hay una oferta que mejore la nuestra y que incluya una ampliación del capital, que es lo importante», dijo el ex futbolista ante las críticas de los accionistas. «Me gustaría que me volvieran a llamar. Y sigo con la esperanza. Creo que es una buena oportunidad para los propietarios y para el Sevilla. Pero el tiempo corre en contra. Vamos muy tarde en lo deportivo».

La historia de amor había arrancado con otro tono. Ramos llevaba meses situado en el centro de la operación, como corazón de un proyecto de salvación de un club a la deriva. No era el comprador único ni el financiador principal, sólo la cara reconocible de un proyecto inversor. Su figura aportaba algo que ningún fondo extranjero podía tener, una vinculación emocional, ADN sevillista y una posible reconciliación con una grada que nunca perdonó del todo su salida al Real Madrid, sus celebraciones posteriores y su compleja vuelta como futbolista en 2023. En el entorno de Ramos se repetía una frase que resumía bien la dimensión íntima de la operación: era «algo personal».

El primer esquema de la compraventa se articuló con Five Eleven Capital. Según los accionistas, el 26 de enero se firmó una carta de intenciones vinculante para la venta de hasta el 85% del capital social. La operación incluía un precio por acción que debía pagarse al contado y una obligación posterior de ejecutar una ampliación de capital de 80 millones de euros para acelerar la recuperación económica del Sevilla. El acuerdo se sostenía, según esa versión, sobre el aval personalísimo de Ramos y sobre la presencia de varios inversores internacionales que habían presentado cartas de compromiso. En ese primer mapa apenas tenía protagonismo DMI, los mexicanos.

El escenario cambió poco después. El 11 de mayo, siempre según la versión de los accionistas, las partes refrendaron el acuerdo tras aceptar nuevas peticiones del grupo comprador. Entre ellas, un aplazamiento del pago y una reducción del precio de la transacción. Esas modificaciones habrían llegado el protagonismo de un nuevo inversor: el grupo DMI. La operación, pese a los vaivenes, seguía viva. De hecho, durante aquellos días se dio por prácticamente cerrada. Faltaban la formalización notarial, los contratos definitivos y las autorizaciones correspondientes.

Todo se rompió el 27 de mayo. En la reunión celebrada ese día, Ramos y sus asesores habrían comunicado su voluntad de no cumplir el pacto en los términos acordados. Según el comunicado, DMI dejó de ser un nuevo inversor para convertirse en el único inversor real de la operación. Desaparecieron los demás financiadores, incluida Five Eleven Capital. También cambiaron los interlocutores y cambió la estructura económica de la propuesta. Los vendedores interpretaron ese movimiento como una alteración completa del acuerdo. Como un síntoma de debilidad, de poca transparencia y de posible tocomocho.

La última oferta, según las informaciones conocidas, reducía de forma sustancial el desembolso directo a los accionistas. Frente al plan inicial, que se movía en torno a la compra del paquete mayoritario por una cantidad muy superior, Ramos habría planteado comprar unas 30.000 acciones por 100 millones de euros y activar después una ampliación de capital de 120 millones. Para los vendedores, esa fórmula permitía al grupo comprador alcanzar el control del club pagando mucho menos por las acciones. Para la parte de Ramos, el cambio se apoyaba en la situación económica del Sevilla tras la auditoría, con una deuda volcánica bajo la superficie.

«Las negociaciones tienen mucha complejidad. Son muchos accionistas y cada uno defiende lo suyo. Pero lo importante es mirar por el Sevilla FC, más allá de la oportunidad que vean como negocio», tiró el dardo el futbolista.

La posible ruptura llega en el peor momento posible para el Sevilla. El club vuelve a encontrarse sin comprador, con una plantilla a medio hacer, sin una dirección deportiva consolidada y con la urgencia de cuadrar números antes de entrar en el mercado. Antonio Cordón ha salido de la entidad y José Ignacio Navarro ha quedado al frente de la planificación, al menos de forma transitoria. El problema no es sólo administrativo. El Sevilla necesita vender, necesita fichar y necesita reconstruir una plantilla que apenas tiene valor deportivo y económico.

La ansiedad del club

El dato deportivo explica la ansiedad de la institución. El Sevilla lleva dos temporadas seguidas salvándose por un punto. En la 2024-25 acabó decimoséptimo con 41 puntos, sólo uno por encima del Leganés. En la 2025-26 terminó con 43 puntos, también uno por encima del descenso. La clasificación final maquilló la angustia, porque varios equipos quedaron apelotonados en la zona baja, pero no cambia las penurias. El Sevilla ha pasado de ser un modelo de gestión, un club reconocible en Europa y una referencia competitiva a vivir instalado en la permanencia, el miedo y la improvisación.

La inestabilidad viene de lejos. Desde la temporada 2022-23 se han sucedido los entrenadores y tampoco ha existido continuidad en la dirección deportiva tras la salida de Monchi. Víctor Orta y Antonio Cordón no consolidaron un proyecto estable. La plantilla ha sufrido ventas obligadas, fichajes de escaso rendimiento y una pérdida progresiva de jerarquía. Europa, que durante años fue el hábitat natural del Sevilla, ya queda lejos. Nadie habla de títulos, sólo de evitar la tragedia del descenso.

La figura de Monchi también sobrevoló toda la operación. En los primeros movimientos alrededor de Ramos, su nombre aparecía como una pieza más emocional y técnica capaz de dar sentido al proyecto. Su relación con la familia Ramos, su peso en la historia del club y su ascendencia sobre la afición lo convertían en un posible puente entre el nuevo capital y la memoria del sevillismo. Pero Monchi inicio hace semanas otra etapa en el Espanyol como director general deportivo. Oliéndose, quizá, el lío que venía. Ese fichaje lo sacó de la ecuación y dejó a Ramos sin el principal ancla emocional y deportiva de la reparación institucional.

Tampoco era la primera operación fallida. Antes de Ramos, los accionistas habían recibido distintas aproximaciones por el paquete mayoritario. Una vía norteamericana llegó a estar muy avanzada, pero perdió fuerza tras revisar las cuentas del club. También apareció la llamada tercera vía, con empresarios sevillanos y sevillistas como Antonio Lappí y Fede Quintero, cuya propuesta fue considerada insuficiente por los propietarios. Según el propio comunicado de este lunes, esas conversaciones, que quedaron suspendidas durante el periodo de exclusividad concedido a Ramos, de unos cinco meses, ya se han reactivado. El Sevilla vuelve, por tanto, a la casilla de salida. Sísifo empujando la piedra, de nuevo, hasta la cima.

La diferencia es que el tiempo se acelera y el mercado se estrecha. La operación Ramos había generado una expectativa enorme porque mezclaba dinero y narrativa. Era la vuelta definitiva del hijo pródigo. Ramos reparaba una herida y se ofrecía como un símbolo de reconstrucción.

El futbolista quiere seguir negociando. Las familias parecen unidas en el rechazo a su oferta. «Somos flexibles y estamos dispuestos a seguir negociando», fue el mensaje final y conciliador de Sergio Ramos. La pelota está de nuevo sobre el tejado de los accionistas, los mismos que han llevado al Sevilla hasta esta situación de urgencias y fragilidad.


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