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El duelo sin palabras del Rayo Vallecano por Íñigo Pérez: "Se ha ganado decidir su futuro"

"Todo el mundo nos dice que hay que sentirse orgullosos, pero no te sale". Isi Palazón verbalizaba saliendo del vestuario del Rayo lo que rondaba la cabeza de un equipo de amigos que vio cómo Henderson y no Trejo agarraba la copa de campeón de la Conference, esa que persiguieron por media Europa y que en Leipzig, con Vallecas en la grada pidiéndoles que la llevaran al barrio, le arrebató Mateta. El duelo, la pena, no daba para pensar, aunque Lejeune lo apuntó, si pudieron "hacerlo mejor" y no dejarle a Adam Wharton tirar tan cómodo, porque del despeje de Batalla llegó su gol. "Te da rabia", decía Óscar Valetín.

Sobre el ambiente triste flotaba la sensación de que algo más que una temporada y que un sueño se acababa. Y no era solo por la despedida de Trejo, el capitán al que todos querían ver alzar el trofeo. Quien les llevó primero a la competición europea y después a la final también puede decir adiós. Íñigo Pérez dirigió su último partido como entrenador, aunque a esa certeza nadie le puso palabras. "Tengo un pudor enorme por hablar de mi situación en este momento tan delicado en lo colectivo", se limitó a decir en rueda de prensa.

Un rato después, solo con lo que parecía un bocata envuelto en papel de aluminio, se encaminó por las entrañas del estadio hacia el autobús con la cabeza agachada. El técnico navarro no lo dijo, pero Martín Presa sí admitió que habrá cambio en el banquillo. "Aún no sé quién será el entrenador la temporada que viene. Hemos estado centrados en esta final", admitió el presidente.

Puede que el Villarreal y la Champions esperen a Íñigo Pérez y en Vallecas lo añorarán. "Tome la decisión que tome, será respetada. Se ha ganado el derecho a decidir su futuro y nosotros lo echaremos de menos como entrenador y como persona", confesó el capitán Óscar Valentín. "Es un entrenador espectacular", admitía Lejeune. "Él quería ganar y nos puso todo en bandeja para que supiéramos lo que iba a pasar en el partido, pero no se dio", lamentaba el Pacha Espino.

"El componente emocional nos ha bloqueado. Nos han superado y no hemos podido estar ni cerca de la victoria. El gol ha sido en una jugada aislada, pero le siguieron cinco minutos en los que se nos pudo haber ido al final. Luego nos hemos quitado el complejo de no ser nosotros, pero las finales hay que saber jugarlas y nosotros tenemos que aprender", diseccionó el entrenador. Las lágrimas de Alemao escuchando el himno de la Conference ya le dieron una pista. Por eso la sensación era de rabia por no haber podido mostrarse como el Rayo juega y es: valiente e irreverente.

En las tripas del Red Bull Arena, mientras el Crystal Palace optaba por una celebración con poca euforia, como si ya se hubieran acostumbrado a ganar, Martín Presa se ponía deberes: "Desde hoy tenemos una espina clavada y la obligación, no sé si dentro de dos años, de cinco o de 20, de volver a una final y ganarla".


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