Kultur

Del procés a los prodigios: Barcelona vuelve a soñar a lo grande con nuevos iconos culturales

Del procés a los prodigios: Barcelona vuelve a soñar a lo grande con nuevos iconos culturales

«En efecto, señora, la efervescente y fructífera vitalidad de nuestra ciudad se manifiesta en sus obras públicas», afirma un ufano alcalde de Barcelona a una empresaria extranjera en uno de los libros más vendidos de las últimas semanas en España, La intriga del funeral inconveniente (Seix Barral) de Eduardo Mendoza. Gran cronista de la ciudad, lo que Mendoza satiriza en la ficción no es más que un espejo de la realidad: tras un periodo de parálisis Barcelona vuelve a impulsar las grandes obras, como si fuese la época preolímpica. Pero en un 2026 con la Sagrada Familia ya coronada y convertida en la basílica más alta del mundo, los iconos serán culturales, empezando por la ampliación del Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC), una deuda histórica que implicará la remodelación del parque de Montjuïc y de sus zonas degradadas y no muy seguras por las noches.

«Venimos de una temporada en la que nos hemos autocensurado, como si hacer grandes transformaciones fuera un pecado mortal. Es momento de recuperar la ambición», defiende Maria Buhigas, destacada urbanista y arquitecta jefa del Ayuntamiento desde 2023, cuando Jaume Collboni -él sí, el alcalde real- la fichó para liderar las profundas reformas que cambiarán barrios enteros. Tras los años duros del procés (cuando los proyectos no relacionados con la independencia se aparcaron), el parón internacional del covid y el lastre de las crisis económicas, el legado urbanístico de los dos mandatos de Ada Colau fueron las llamadas superilles: la peatonalización de ciertas calles y el ajardinamiento de cruces cerrados al tráfico.

«No podemos renunciar a crear espacios monumentales», reivindica Buhigas. «Los grandes proyectos culturales son un factor de cambio radical en una ciudad, tanto física como socialmente: tienen la capacidad de modificar las dinámicas de un espacio», considera Buhigas frente a la gran maqueta de 84 metros cuadrados de Barcelona que ocupa el vestíbulo de la antigua sede de la editorial Gustavo Gili, reconvertida en el cuartel general de la Capital Mundial de la Arquitectura 2026 de la UNESCO. Buhigas señala las Torres Venecianas de plaza España (ahora en obras), la puerta de entrada a Montjuïc, y avanza: «La avenida María Cristina se convertirá en un bulevar. Y con el nuevo MNAC no solo se creará un edificio que baja el museo a la ciudad, sino que recuperaremos todo el entorno de la explanada de la Font Màgica. Ganaremos tres hectáreas enteras de espacio público, el equivalente a tres manzanas del Eixample».

Arriba, en la terraza del MNAC se extiende una vista privilegiada sobre la ciudad y una Sagrada Familia ya casi sin grúas. Antoni Gaudí se guardó mucho de que su templo midiera 172,5 metros para no sobrepasar los 173 de la montaña de Montjuïc, una creación divina que la mano del hombre no debía osar superar. Aunque el MNAC muestre algunas obras de Gaudí en sus salas -sobre todo, mobiliario- le falta espacio. «Tenemos un palacio de 50.000 metros cuadrados pero apenas operamos con 10.000. Los espacios más grandes, como la Sala Oval o la Cúpula, no son de exposición», expone el director del museo, Pepe Serra.

El Palau Nacional se construyó para la Exposición Internacional de 1929 y en 1934 se inauguró como Museu d'Art de Catalunya con magnos ábsides románicos de las iglesias pirenaicas y obras del gótico que impresionaron al mismísimo Pablo Picasso (aquel año sería la última vez que pisó España). La Guerra Civil truncó el proyecto del museo, que quedó escindido: bajo el franquismo se abrió el Museo de Arte Moderno en la Ciutadella, en el actual Parlament. «La historia de este museo es muy singular y responde a un relato cultural complejo, a veces contradictorio. Tenemos que hablar y mirar al mundo desde el lugar donde estamos, sin caer en un barcelonacentrismo. Porque si cogemos los temas de moda y los hashtags haremos un Starbucks... El museo tiene que ser específico, no podemos parecernos a nadie», explica Pepe Serra, que antes de tomar las riendas del Prado catalán en 2012 ya había dirigido el Museu Picasso.

Después de lustros de vaivenes políticos, por fin hay luz verde para que el MNAC se extienda al antiguo pabellón ferial Victoria Eugenia, una reivindicación que se remonta a los años 90. Tras un concurso público, el proyecto de H Arquitectes, uno de los mejores despachos de la ciudad, adecuará el palacio para convertirlo en un modernísimo centro de arte y lo conectará con el museo de arriba a través de una pasarela interior. El MNAC ganará el doble de espacio expositivo. «La ampliación tiene la máxima trascendencia. Acabaremos con una anomalía histórica», considera Serra. La inversión asciende a 112 millones, que aporta la Generalitat (50%), el Ministerio de Cultura (30%) y el Ayuntamiento (20%). ¿Que las tres administraciones compartan el mismo color político -PSOE y PSC- ayuda a desatascar proyectos? «Los más viejos del lugar pueden decir que no siempre ha sido así», ironiza Buhigas.

En época de Artur Mas, Xavier Trias y la extinta CiU (que luego pasaría a ser el efímero PDeCAT y después Junts), se llegó a firmar un acuerdo oficialísimo con la baronesa Carmen Thyssen para que este mismo pabellón Victoria Eugenia fuera la sede de su colección de arte. Quedó en un cajón.

Pero el sueño de la baronesa de tener un museo en su ciudad natal se hará realidad en pleno centro de Barcelona, en el emblemático Cine Comedia, de la mano del fondo de inversiones Stoneweg, que desembolsa más de 100 millones de euros en la compra y adecuación del edificio. El Thyssen barcelonés cambiará la confluencia de Gran Vía con Paseo de Gràcia. «Todo lo que hay ahora en el corazón de la ciudad son espacios comerciales», admite Buhigas. E incide en la ausencia de museos en la zona. «En París está la Fondation Cartier y, en Milán, la Fundazione Prada, ambas iniciativas privadas con una gran oferta de exposiciones temporales que enriquecen la ciudad», compara, celebrando la llegada del Museo Carmen Thyssen en una esquina icónica, a la que se añadirá una mayor volumetría en un proyecto privado del que no se han comunicado todavía todos los detalles.

El futuro Thyssen enlaza con la transformación de La Rambla, «la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabara nunca», escribió Lorca en su preciosa alocución a las floristas de avenida. Desde hace casi cuatro años, La Rambla ha estado en obras por tramos. En 2027, recuperará su esplendor y, además, el mítico Teatre Principal, uno de los más antiguos del país, que se construyó como corral de comedias en el siglo XVI. Tras décadas de declive y abandono, el grupo Atir Hospitality ya ha iniciado su rehabilitación. En este escenario, Lorca estrenó su última obra en vida, Doña Rosita la soltera (1935), protagonizada por su actriz fetiche, Margarita Xirgu.

Desde el Principal ya huele a salitre y a escasos metros aparece un luminoso Mediterráneo. Curiosamente, en los 14 kilómetros de frente marítimo apenas hay referencias culturales, exceptuando el Museu Marítim en las antiguas atarazanas reales (con la réplica de la galera de la batalla de Lepanto), el Museu d'Història de Catalunya (aunque hace lustros que no pasa por su mejor momento) y la Fundación Mapfre, que en 2020 instaló su centro KBr en pleno paseo marítimo y ha traído maravillosas exposiciones fotográficas.

En la bocana del extinto Cine Imax, Barcelona impulsará uno de sus proyectos más ambiciosos: el Liceu Mar. «Será un gran ágora cultural abierta a la ciudadanía. No se trata únicamente de un segundo edificio, sino de un nuevo espacio con una identidad propia y complementaria», explica el director general del Liceu, Valentí Oviedo. La Ópera de París, la de Viena o la de Londres han creado segundas sedes, pero el «caso de Liceu Mar será bastante singular dentro del panorama europeo», resalta Oviedo. «No se concibe como una simple extensión del teatro de la Rambla, sino como una ampliación del concepto de institución operística del siglo XXI».

Centrado en la vanguardia, la danza y todas las actividades para público escolar y juvenil que el teatro de La Rambla no puede acoger por limitaciones de calendario, el Liceu Mar tendrá 900 localidades frente a las 2.292 del coliseo clásico. «Dará cabida a otros géneros líricos y musicales que hoy tienen poco espacio: la zarzuela, la ópera de cámara, la barroca, revisiones contemporáneas del repertorio, musicales...», cuenta Oviedo.

El edificio ocupará unos 9.000 metros cuadrados, el entorno urbano comportará 46.000. Y aquí se producirá el cambio radical en el skyline marítimo en lo que hoy es una zona de césped deslucido, apenas transitada. Solo con ver la lista de los cinco equipos de arquitectos finalistas, que presentarán su proyecto en otoño, el futuro Liceu Mar promete ser un tsunami en pleno Port Vell:David Chipperfield, SANAA, Sou Fujimoto, Barozzi Veiga y SNØHETTA, todos ellos asociados a un despacho local, como Batlleiroig o b720.

«Tanto el edificio como el entorno están pensados para que la ciudadanía pueda hacérselo suyo independientemente de asistir o no a un espectáculo», resalta Oviedo, que recuerda el éxito de iniciativas como los conciertos operísticos en la playa. «La voluntad es que el frente marítimo incorpore una nueva centralidad cultural abierta, accesible y plenamente integrada en la ciudad», asegura.  

Otro símbolo de ese frente marítimo metropolitano son las Tres Chimeneas de Sant Adrià del Besòs, al otro lado del río, en la central térmica que FECSA construyó en los años 70. Tras su cierre, los vecinos de Sant Adrià votaron en un referéndum salvar las chimeneas, rechazando su demolición. Al fin y al cabo, no es solo patrimonio industrial, es también valor sentimental para una ciudad de apenas cuatro kilómetros cuadrados, casi un barrio de Barcelona.

Tras abrirse al público por primera vez durante la Manifesta de 2024, la bienal artística internacional que se celebró en el área metropolitana, la Generalitat impulsará el Catalunya Media City, un hub audiovisual dentro de la nave principal. El proyecto se desarrollará durante la próxima década y creará un nuevo barrio con parque litoral alrededor.

Eduardo Mendoza ya le dio a Barcelona el más bello título en su novela La ciudad de los prodigios. En los próximos años, si se cumplen calendarios y compromisos institucionales, veremos nuevos prodigios.


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