El escultor, Miquel Navarro, ha muerto este domingo a los 81 años de edad tras una larga enfermedad. Referente de la conocida como Nueva Escultura Española, el valenciano es uno de los escultores contemporáneos que ayudó a la renovación del lenguaje en este arte a finales del siglo XX. Este año se había inaugurado en Mislata, su lugar de residencia y de nacimiento, su casa taller tras años de espera.
El escultor, que se formó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, había ganado el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1986 y era académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Su obra se puede encontrar en museos de todo el mundo. Desde el Guggnheim de Nueva York al Pompidou de París, pasando por el Guggenheim de Bilbao, el Reina Sofía en Madrid, la Fundación Lambert en Bruselas o el Mie Prefectural Art Museum Mie en Japón.
Navarro inició su carrera como pintor, pero desde principios de la década de los 70 ya comenzó a dedicarse a la escultura, sin renunciar al dibujo y, en fechas mucho más recientes, a la fotografía. Fue en 1980, con su participación en la muestra colectiva New images from Spain, celebrada en el Museo Salomon R. Guggenheim de Nueva York, cuando se dio a conocer en la escena internacional.
Su obra se ha caracterizado por la representación de la ciudad como paisaje escultórico, con un lenguaje que une escultura y arquitectura. Desde la década de los 70 desarrolló instalaciones y conjuntos de pequeños elementos que evocan paisajes urbanos y más tarde realizó también esculturas monumentales en espacios públicos. Dos de ellas, La pantera rosa -nombre que se da a la Fuente Pública de la Plaza Manuel Sanchis Guarner- y El parotet -cerca de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias-, son hoy iconos de la ciudad de Valencia.
En un comunicado público, a través de las redes sociales, el Ayuntamiento de su Mislata natal ha querido expresar sus condolencias a la familia del artista y le ha situado como "una figura clave" de la localidad por la influencia de su casa taller y por "su legado artístico". "Su obra, su compromiso con el arte y su vinculación con Mislata dejan una huella imborrable en nuestra ciudad y en la cultura valenciana", afirma el Consistorio.
El Museo Arqueológico Nacional acogerá desde el próximo 10 de diciembre la que será una exposición póstuma, La ciudad que late bajo las ruinas,donde su obra encuentra en los mármoles romanos un inesperado territorio de resonancias. La ciudad roja, construida en hierro, despliega una geografía mineral donde pasado y presente comparten una misma pulsación. Sus torres y módulos, articulados mediante ritmos y vacíos, evocan organismos urbanos cuya vida persiste incluso después de su desaparición.