Su nombre rima con decir, sentir, vivir y una interminable lista de verbos de la tercera conjugación. Pensándolo bien, quizá es una desventaja en el terreno de juego en el que se mueve, pues no son pocas las palabras con esta terminación. Seguir, sobrevivir, compartir, sonreír... y un largo -larguísimo- etcétera. Lo que no encaja tan bien con ese apodo que ya le identifica es el verbo rimar. Y, paradójicamente, de eso Gazir sabe un rato. También sabe de la carga que supone ser uno de los freestylers españoles más reconocidos del circuito. De la fama, del éxito y, por supuesto, de rap. Por saber, sabe hasta de Física, la carrera que estudia cuando el que habita en su interior es Gabriel Sánchez Poyal (Asturias, 2001) y no su alter ego. Ahora, es más bien el rapero quien lleva las riendas, con la gorra del revés y una sonrisa amable que no casa con esa actitud desafiante que se espera de un improvisador profesional -aunque aún no haya cumplido ni los 25 años-. «Antes me costaba gestionar un poco las cosas que me pasaban. Ahora tengo mucha madurez como competidor pero también como persona», comienza el asturiano.
Quien sabe algo de rap, ha oído hablar de Gabriel. De Gazir, mejor dicho. Que empezó con 16 años y fue escalando hasta alcanzar su cénit o que ese apodo viene de invertir las tres últimas letras de «cicatriz» y añadirlas a su nombre. O quizá de lo que se ha oído hablar es del propio freestyle, ese subgénero inusitado en el que solo se prueban unos pocos. Y en el que triunfan aún menos. La explicación más rápida es que consiste en improvisar rimas, normalmente con una base musical determinada y sin haber preparado nada previamente. Parece fácil, ¿verdad? Lo cierto es que detrás de esa escueta sinopsis se alza un sistema de puntos imposible de descifrar, una legión de fans inmensurable y competiciones a raudales. Y el asturiano las ha vivido todas. FMS -Freestyle Master Series-,Red Bull Batalla en sus modalidades nacionales, internacionales y mundiales y God Level Grand Slam figuran entre los campeonatos en los que ha participado. Ahora, por primera vez, se enfrenta en Gazir Contra Todos, una iniciativa propia que pondrá a prueba su talento el próximo sábado. «Llevo muchos años con esta idea en la cabeza y creyéndome capaz de hacerlo. Ahora solo me queda demostrarlo. Yo me he metido en este jardín, yo me lo gestiono», dice.
Gazir Contra Todos no es una competición al uso, desde luego. El rapero se enfrentará a 200 batallas seguidas con hasta 250 rivales en un evento que llevará su agilidad mental y su resiliencia al extremo. Un sencillo cálculo matemático resuelve que el equivalente a su evento sería enfrentarse -y ganar- 80 competiciones en un mismo día. «Al prepararme esto me he chocado contra barreras que no había explorado antes. Me he dado cuenta de que mi voz tiene un límite, mis pulmones tienen un límite y mi cerebro no sé si lo tiene, pero le estoy exigiendo mucho», confirma Gazir. La propuesta, dice, surge de lo cotidiano: de practicar barras con sus amigos, de la sensación de no cansarse de rimar e improvisar, de preguntarse con cuánta gente podría estar batallando hasta que su nivel se resintiera. La respuesta, al menos sobre el papel, parece ser 250. «Quería apuntar al cielo, llevarme al límite y ver si puedo estirarme más, si encuentro destellos mejores que al principio», esgrime.
Las normas de la competición son pocas pero exigentes. Para Gazir, al menos. Él sólo tiene que rimar sin parar mientras sus adversarios van pasando por el escenario. Eso, y ganar al menos 190 de estos enfrentamientos. Sencillo, en apariencia. «Hay momentos en los que me veo triunfando. Me veo con posibilidades y eso ya me da ganas de afrontarlo. Oye, la moneda puede caer de cualquier lado, pero sé que tengo voz y voto para pelear», resuelve. En un formato de diez bloques con 20 batallas cada uno, el asturiano se enfrentará a sus homólogos en el sector. Caras conocidas como la de Bnet o Aczino que se suman a contrincantes con los que nunca antes se ha enfrentado, estos últimos elegidos después de un arduo proceso de evaluación. Y, encima, se enfrentan por parejas. Vaya, que el listón está alto. «El uno contra uno es con gente que controlo, sé qué estilo tienen. Esto del dos contra uno va a ser gente muy novedosa, igual son chavales buenísimos pero que no tienen exposición. Ese habría sido yo en 2018, y por eso sé el peligro que tienen», comenta. Más allá de batirse en duelo y demostrar su talento, Gazir apuesta por darle una oportunidad a jóvenes que aún no han podido competir en eventos similares: «Conozco la frustración de saber que estaba preparado para medirme con gente buena y no tener la exposición para ello. Ojalá este evento sirva para potenciar a más gente que solo a mí», rotunda.
Gazir Contra Todos ya prepara su desembarco en Asturias, la tierra natal del rapero, precisamente como un guiño a ese niño que entró en los circuitos de competición cuando la mayoría de edad aún le era lejana. Ya sólo quedan los resquicios de ese adolescente que sufrió batacazos sin paliativos una y otra vez hasta hacerse un nombre en la industria. Una que no es amable con los recién llegados. «Siempre me han llamado robot por mi forma de rimar. En el reto verán que no soy un robot. Cuando se den cuenta de que yo también me canso... ahí verán que soy solo un humano, pero uno que tira hacia delante con todo», señala. Porque esta, dice, es la primera vez que tiene lugar un evento de este calibre en la historia del freestyle: «Esta es mi forma de demostrar que no tengo rival, porque dudo que nadie pueda hacer algo como esto y aún así yo me he metido en ello», sentencia. Y añade: «No quiero ser el mejor de 2026, quiero ser el mejor de siempre».
La resolución del evento también tiene sus particularidades. Anoten: existen tres escenarios posibles después de haberse batido en 199 batallas. Si Gazir ha conseguido más de 190 victorias habrá cumplido su objetivo; si ha perdido diez o más veces, habrá fracasado antes de completar la disputa. La última posibilidad sería jugárselo a la última batalla. Ganar o perder. Dos opciones, dos caras de una moneda que se lanzará en menos de una semana. «Este evento es una vez en la vida, no solo para mí, sino para el freestyle en general. Por eso quiero aprovechar cada una de las batallas», menciona. Las frases motivacionales sobre la importancia de participar, de dejar un lado el desenlace no parecen surtir efecto con Gazir. Para él, sería un fracaso no llegar a superar esas 190 victorias. «Bueno, la psicóloga me dice que no sea tan resultadista pero yo lo soy bastante».
"El freestyle es absolutamente un arte, y luego cada batalla tiene ese punto competitivo que mezcla lo artístico y lo deportivo"
Gazir Contra Todos, además, aspira a devolver cierta visibilidad a una disciplina que durante años ha despertado recelos fuera de su comunidad. Ese subgénero del rap ha tenido que abrirse camino entre quienes lo consideraban poco más que un espectáculo de provocaciones e insultos baratos. Para Gazir, señala, esta percepción depende del improvisador: hay quien da la imagen de «payaso», mientras que a otros se les corona con la etiqueta de «artistas». «El freestyle es absolutamente un arte, y luego cada batalla tiene ese punto competitivo que mezcla lo artístico y lo deportivo. La base de todo es que sí, el freestyle es un arte», rotunda.
La propuesta ya cuenta con su propio lema: «muchos hablan, pocos riman y solo los mejores improvisan». Gazir, con sus bromas sobre su estatura y su confianza ciega en el talento parece estar dentro de ese selecto grupo. Y no tiene pudor al confesar que el éxito y la reputación juegan un papel crucial en su carrera. Parece lógico cuando su nombre figura entre la élite del freestyle. «Está feo que yo diga que soy de los mejores de la historia. Eso que lo diga el resto. Pero a nivel de victorias de los últimos siete años, creo que merezco tener mi candidatura ahí». Ahora le toca demostrarlo batalla tras batalla, rima tras rima hasta conseguir la victoria. Que se preparen los freestylers, porque la suerte ya está echada. Alea jacta est.