Deportes

Conor Niland y la otra cara del tenis: "Crucé Uzbekistán en un taxi a toda pastilla para acabar perdiendo en primera ronda de un challenger"

Conor Niland y la otra cara del tenis: "Crucé Uzbekistán en un taxi a toda pastilla para acabar perdiendo en primera ronda de un challenger"

John Valenti, más conocido como Johnny Blaze, fue un tenista estadounidense que pasó más de una década luchando por competir con los mejores: dormía y viajaba en un autobús escolar reconvertido, usaba aceite vegetal reciclado como combustible del vehículo, recortaba cupones de descuento para ahorrar en la compra y se apretaba el cinturón en todo lo demás, incluido el encordado de sus raquetas. Debutó en 2002 y se retiró en 2017 tras jugar infinidad de torneos Futures y solo un partido ATP, en primera ronda de Newport, donde perdió por un doble 6-0.

"Hay tenistas que crecen siendo los mejores de su país, pero luego se quedan estancados en el ranking mundial, algo insuficiente para ser competitivos en las fases previas de los Grand Slams, pero lo justo para mantener vivo el sueño tenístico", relata Conor Niland en su libro The Racket, ahora publicado en España con el título Contra las cuerdas (Editorial Contra). Una narración sobre el tenis invisible, el tenis lejos de las cámaras y los focos, el tenis sin público, y al mismo tiempo una autobiografía.

Porque Niland fue un tenista batallador entre 1999 y 2012, el mejor jugador de Irlanda, el número 129 del ranking mundial, el rival de Novak Djokovic en primera ronda del US Open 2011. Pero se cansó de las penurias y hoy, después de haberlas relatado con humor en el libro, trabaja como agente inmobiliario en Dublín.

"Había cosas que consideraba parte del tenis, parte de mi crecimiento. Si tenía que ir a jugar tres semanas a India, o a Uzbekistán, esa era mi vida", resume en conversación con EL MUNDO por videollamada desde su cocina, donde recuerda anécdotas como cuando cruzó precisamente Uzbekistán en taxi, "siete horas a toda pastilla, sin cinturón y con el equipaje encima", para acabar perdiendo en primera ronda del Challenger de Bukhara ante un veterano japonés que golpeaba la derecha a dos manos.

El partido contra Djokovic

Con el libro ganó en 2024 el premio William Hill al mejor libro deportivo del año y recibió 30.000 dólares. Confesó que era el mayor cheque de su vida, más de lo ingresado en cualquier torneo. ¿Qué dice eso del reparto de dinero en el tenis?
Mi mayor premio como jugador lo recibí al ganar un Challenger en Salzburgo en 2010: 14.000 dólares. En los últimos meses los jugadores están protestando por los premios, y es verdad que han mejorado desde que me retiré, pero también la vida se ha encarecido mucho: los viajes, los hoteles, las comidas. El problema real es que el circuito necesita que unos 300 hombres y unas 300 mujeres vivan dignamente del tenis, y eso no está pasando. Si solo cuidas a los 15 mejores, no hay cantera, faltan nombres. Hay cientos de jugadores en el mundo que ni siquiera lo intentan porque saben que no podrán vivir de ello. Y eso hace que el nivel del tenis sea más bajo de lo que podría ser.

Durante la carrera de Niland hubo muchos partidos sin público en países lejanos, muchos vuelos en soledad, muchos hoteles baratos, pero también hubo un par de noches de gloria, las dos en 2011. Después de una década de lucha, llegó a los Grand Slam, a debutar en Wimbledon y en el US Open, y de ambas citas los recuerdos son "agridulces".

En el All England Club estuvo muy cerca de ganar al francés Adrian Mannarino y enfrentarse a su ídolo, Roger Federer, en segunda ronda, pero cayó en el quinto set. "Pensé en ese partido cada día durante años. Podría haber jugado contra Federer en la central de Wimbledon en horario de prime time en Irlanda", cuenta. Y en Flushing Meadows, contra Djokovic, salió a jugar a la Arthur Ashe, pero tuvo que retirarse en el segundo set. "Estaba feliz y emocionado por jugar en una pista grande de un Grand Slam contra Djokovic. Sabía que iba a perder, pero quería disfrutarlo. Y entonces me dio una intoxicación alimentaria el día antes. No pude disfrutar, solo intentaba sobrevivir". El resultado deportivo fue malo, pero la historia, admite entre risas, "es mucho más interesante que si hubiera perdido tranquilamente 6-1, 6-1 y 6-2".

Apuestas, dopaje y la soledad del circuito

El libro también aborda las sombras del circuito: apuestas y amaños en los escalones más bajos del tenis. "No lo justifico, pero entiendo el problema. Se puede apostar en cualquier torneo Future, y esos jugadores están ganando 100 euros por perder en primera ronda, mientras las casas de apuestas anuncian esos partidos como profesionales. Hay un desajuste enorme. En el circuito principal lo entiendo, pero en los niveles más bajos no debería permitirse apostar". Los más expuestos, señala, no suelen ser los aspirantes a la élite, sino jugadores que combinan clases de tenis con alguna competición suelta: "para alguien que quiere llegar arriba, el riesgo es demasiado grande".

A todo eso, además, se suma la soledad. "Es un deporte solitario, incluso para los mejores. Cuando yo viajaba, apenas había otros irlandeses. Veía a los españoles, a los franceses, viajando en grupo, y eso seguro que les hacía disfrutarlo más".

¿Un consejo para un joven talento que quiera intentarlo?
Rodearse pronto de un equipo, aunque sea caro. Como decía, el tenis es un deporte muy solitario y tener gente alrededor lo hace más llevadero. Además, hay que apostarlo todo a entrar en el top 100 del mundo. Lo peor es quedarse entre el 150 y el 500, porque haces sacrificios y no recibes ninguna recompensa.



Puede que te hayas perdido