El pasado martes, los ministros de Interior de la Unión Europea (UE) se citaron vía telemática para tratar la crisis de Ceuta. Madrid llegó con un enorme enfado por la falta de solidaridad del resto de socios que, incluso, en algunos casos apostaron por la suspensión del espacio Schengen para impedir, supuestamente, la llegada de las personas que habían cruzado desde Marruecos a sus territorios.
Al final, no hubo sangre. Los ministros sí mostraron entonces su "firme solidaridad" con Madrid y destacaron la necesidad de "seguir luchando sin descanso" contra las redes de tráfico de migrantes, así como mejorar la capacidad de prevención ante este tipo de situaciones. Todos valoraron "la rápida y eficaz actuación de las autoridades españolas ante la situación" en la ciudad autónoma y defendieron el consenso sobre la necesidad de fortalecer las fronteras externas de la UE, así como de "forjar alianzas sólidas con países terceros", según se lee en un comunicado final. Países críticos como Dinamarca o Finlandia bajaron su suflé, tras la cita, y elogiaron lo hecho por el Gobierno de Pedro Sánchez.
Fueron 22 los países que firmaron una carta reclamando la reunión, alertados por Ceuta. También la pidió España, más indignada. En el grupo de los que no se sumaron a la presión a España estuvieron sus vecinos, Francia y Portugal, y dos aliados más, Irlanda y Luxemburgo. Y ahora, el titular de Interior de este último país, Leon Gloden, ha concedido una entrevista a Euractiv en la que arropa aún más a las claras al Ejecutivo español. Tomar como rehén el espacio de libre circulación europeo para apaciguar a los populistas resultará contraproducente, sostiene.
Por ejemplo, Italia y Alemania aprovecharon la drástica afluencia de personas procedentes de Marruecos a la ciudad autónoma para imponer y extender sus propios controles fronterizos internos. Roma introdujo controles a los viajeros procedentes de España, mientras que Berlín mantuvo los controles en todos sus países vecinos, incluido Luxemburgo, cuna del acuerdo Schengen, recuerda el medio europeo.
"Si te quedas atascado durante tres o cuatro horas en un embotellamiento por culpa de un control fronterizo, pierdes la confianza en Europa y en Schengen", declara Gloden a Rapporteur, el boletín informativo de Euractiv. El representante del gran ducado señaló a Alemania, que ha impuesto controles adicionales en su frontera con Luxemburgo desde 2024, y eso espina. "A pesar de la política migratoria alemana… las encuestas muestran que la AfD sigue creciendo. Surge entonces la pregunta: ¿Se debe únicamente a cuestiones migratorias o no está también relacionado con otros aspectos, como los económicos y el bienestar social?", se preguntó. "Sus comentarios se producen cuando tres regiones alemanas se preparan para las elecciones de septiembre. Se espera que la ultraderecha obtenga buenos resultados", contextualiza el medio. Así todo se entiende mejor, también en clave interna.
"Enfaticé que no acepto que, ante un incidente migratorio, Schengen siempre se convierta en rehén", afirma el ministro, resumiendo sus comentarios a sus colegas comunitarios. Gloden, sin embargo, afirmó estar a favor de reforzar las fronteras exteriores de la UE.
La reimposición de controles fronterizos internos en el espacio Schengen es legal, siempre que tengan una duración determinada y estén justificados. Actualmente, ocho gobiernos europeos, entre ellos Francia, Noruega, Suecia, Austria, los Países Bajos y Polonia, ya lo han hecho, indica la información. "No hay argumentos que justifiquen el mantenimiento de estos controles fronterizos", declaró Gloden. Añadió que prefería no emprender acciones legales en este momento, pero elogió a la Comisión Europea (CE) por aclarar su postura respecto a estas medidas.
Luxemburgo lleva tiempo manifestando su desacuerdo con la imposición de controles fronterizos por parte de Alemania, argumentando que dificulta la vida no solo de sus propios ciudadanos, sino también de los más de 54.000 alemanes que cruzan la frontera a diario para trabajar allí. Ambos países acordaron recientemente abandonar los controles fijos, aunque continuarán los controles aleatorios. "Creo que elaborar políticas simplemente para intentar erradicar el extremismo de derecha no es una buena postura… porque si con esas políticas se afecta la vida cotidiana de los ciudadanos, no apoyarán al partido", afirmó.
En el caso de Ceuta, son los partidos de extrema derecha, empezando por el español Vox, los que han tratado de sacar tajada, obviando la crisis humanitaria y hablando de "avalancha", azuzando el miedo.