Cultura

La exposición de verano de Carmen Thyssen en la Costa Brava rescata a Cuixart y anticipa su nuevo museo en Barcelona

La exposición de verano de Carmen Thyssen en la Costa Brava rescata a Cuixart y anticipa su nuevo museo en Barcelona

Aunque Carmen Thyssen ya sea una ciudadana andorrana y mantenga su residencia principal en el país de los Pirineos, sus veranos son de la Costa Brava. Concretamente, del pueblo de Sant Feliu de Guíxols, donde su padre le regaló un terreno en un acantilado cuando se casó con Tarzán, el actor Lex Barker. Allí, Carmen Cervera construyó su icónica Villa Mas Mañanas.

Pero Sant Feliu es más que su pueblo de veraneo: desde 2012 el antiguo monasterio de los dominicos exhibe parte de su colección de arte en exposiciones temporales en el Espai Carmen Thyssen. Cada verano Sant Feliu estrena una nueva exposición marca Thyssen, que suele inaugurar la propia baronesa.

Pero el pasado mes de abril, Carmen Thyssen fue hospitalizada durante una semana por una neumonía en la clínica Teknon de Barcelona y, desde entonces y siguiendo el consejo de los médicos, mantiene una vida más tranquila y lejos de los focos mediáticos. "Ha decidido pasar por primera vez un verano disfrutando de Sant Feliu, no atada a sus compromisos", señalaba ayer su sobrino Guillermo Cervera en la inauguración de la nueva exposición estival, Vínculos. Cuixart conversa con la Colección Carmen Thyssen.

Por primera vez y sumándose a la celebración del centenario del nacimiento del pintor Modest Cuixart (Barcelona 1925-Palamós, 2007), el Espai Carmen Thyssen se consagra a un único artista, aunque poniéndolo en diálogo con maestros del pasado. "Queremos reivindicar a un artista que fue un referente histórico, absolutamente moderno pero que, lamentablemente, ha caído en cierto olvido", señala Sílvia Arnau, directora de la Fundació Cuixart.

Aunque iba para médico, en tercero de carrera se dio cuenta de que su asignatura preferida era Anatomía por las clases de dibujo. Y el joven Modest abandonó la medicina para convertirse en un artista clave de la vanguardia, que transitó del surrealismo a una osada experimentación plástica. Pero, como a otros compañeros de generación y grupo (el de Dau al Set), su primo Antoni Tàpies acabó eclipsándole.

Vínculos nos devuelve a todos los Cuixarts: porque se diría que artistas diferentes pintaron esas obras oníricas de los años 40 versus una inclasificable Helena de Troya de 1974, con cierto aire ciberpunk y romántico, con un ojo que parece el de un ciborg. "Sacamos a la luz obras que hacía 30 o 40 años que no se veían en público. Muchas estaban guardadas en reservas", señala Arnau. Concretamente, las reservas del Macba, que cede casi una decenas de obras de Cuixart, algunas tan impactantes como el lienzo Circ (1950) de casi dos metros, protgonizado por un arlequín flotando en un espacio surrealista.

Aunque actualmente el Macba exponga un Cuixart en su exposición permanente, los creadores catalanes de vanguardia siguen siendo una de sus asignaturas pendientes.

De la colección Thyssen se muestra un delicado óleo de 26 por 36,5 centímetros, Marrón (1949): pura mística. Pero Vínculos propone un sugerente diálogo con obras del pasado, separadas por más de un siglo: como una icónica marina de Modest Urgell del siglo XIX enfrentada a dos paisajes marineros de Cuixart. O un lorquiano choque de gitanas. O un duelo de paisajes. "Planteamos un juego constante de épocas", señala la comisaria Pilar Giró. "Es una exposición sin un recorrido determinado, cada visitante puede escoger su narrativa. Y, dentro de ella, hay una antológica nada clásica", añade Giró, que conoció a Cuixart en 1993, cuando aún estudiaba Historia del Arte (les presentó Joan Brossa) y colaboró con el pintor durante 20 años. De hecho, la última obra que se exhibe de Cuixart -fechada en 2007, el mismo año de su muerte- son las ilustraciones originales que pintó para el poemario Geometría de la ola, de la propia Giró, que también es poeta.

Un preludio del Thyssen de Barcelona

A lo largo de la exposición llama la atención que varias cartelas ya señalan algunas pinturas como propiedad del futuro Museo Carmen Thyssen Barcelona, desde el pequeño lienzo de Cuixart a otros de Maria Girona, Joan Ponç, Eliseu Meifrèn, Ramon Martí Alsina o Zoran Music.

"Aún faltan dos años para la apertura, pero ya estamos operando como un equipo junto a la baronesa", explica Joan Manuel Sevillano, quien fuera gerente de la Fundació Gala Salvador Dalí durante más de 20 años y que ahora dirige la división cultural de Stoneweg, firma inversora del proyecto.

Ayer, el Ayuntamiento de Barcelona aprobó definitivamente la modificación del Plan General Metropolitano (PGM) que hará posible la rehabilitación, ampliación y reconversión del palacete del antiguo cine Comèdia para que se transforme en el nuevo Museo Carmen Thyssen.

"Hay una increíble colección de 600 obras donde podremos trazar distintos relatos museográficos. Nos dedicaremos a fondo a poner en valor el periodo que va de finales del siglo XIX a principios del XX, que fue fundamental y se ha cubierto poco...", avanza Sevillano. Con Barcelona, la galaxia Thyssen que tiene Madrid como kilómetro cero seguirá conquistando la costa mediterránea, de Málaga a Sant Feliu.


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